Prólogos a la Segunda Edición

Prólogo de Juan Manuel Soaje Pinto

“Los argentinos no somos empanadas
que se comen con sólo abrir la boca…”

José de San Martín

 

Mi gran amigo el Dr. Alberto De Vita me ha dado el honor de poder acompañar con este breve prólogo la segunda edición de su extraordinaria obra de rigor histórico, “Malvinas 1982: cómo y porqué”, el cual me siento muy alagado de redactar.

Seré muy breve en mis palabras porque lo importante es que el lector pueda introducirse sin más, en el enorme valor investigativo, informativo, histórico y veraz de un cúmulo de aspectos poco o nada conocidos acerca de las causas de la última contienda convencional del siglo XX, librada en el Atlántico Sur entre abril y junio de 1982 por la República Argentina contra las agresiones imperialistas del Reino Unido de Gran Bretaña y sus aliados en la OTAN.

Todo argentino bien nacido, bien informado, amante de su Patria, y dispuesto a defenderla hasta las últimas consecuencias, no puede más que reconocer por siempre el enorme coraje, valor y arrojo de nuestras Fuerzas Armadas en el combate. Soldados, suboficiales y oficiales lucharon heroicamente hermanados con el Pueblo argentino que acompaño la gesta con toda convicción, decisión y entrega.

Fue el hecho de política exterior argentino más importante del siglo XX. Como diría luego el Cnl Mohamed Alí Seineldín – él mismo bravo guerrero en Malvinas – representó una suerte de bisagra en la larga lucha por la autodeterminación de los pueblos ante los poderosos de este mundo, que llega intacta hasta nuestro Siglo XXI.

Efectivamente, la recuperación de las Islas Malvinas detonó el entusiasmo popular en la Argentina y en toda Iberoamérica, quebrando 150 años de ocupación ilegal de una parcela clave de nuestro territorio y de nuestro Mar Argentino, por una potencia lejana cuyo único título desde siempre ha sido la fuerza, la soberbia y la injusta arbitrariedad.

Alberto De Vita nos ilustra sobre la compleja secuencia de hechos que provocaron la reacción argentina de recuperar las Islas en abril de 1982. Hechos casi totalmente desconocidos en todos los ámbitos de la Argentina, donde el Reino Unido gestó una “mojada de oreja” para que el estímulo reactivo tomara cuerpo aquél 2 de abril de 1982, contratando al armador argentino Davidoff para desmantelar una vieja factoría ballenera en las Islas Georgias del Sur.

Consumada esta suerte de “puesta en escena geopolítica”, luego inventaron un supuesto despliegue de una bandera argentina en el mástil de esa misma factoría, difundiéndolo en la prensa internacional como un “atropello argentino”.

Esta acción premeditada, se fortaleció y fue escalada por Inglaterra con el inmediato envío de naves de guerra y submarinos nucleares al Océano Atlántico Sur, hecho que obligó al gobierno argentino a proceder con la rápida recuperación de la soberanía sobre las Islas Malvinas.

De esta manera, De Vita nos revela la imperiosa necesidad del Reino Unido de ocupar las Islas por la fuerza, entre otras muchas razones, debido a que su falta de legitimidad ante la presión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, era para entonces casi insostenible. La propia Organización de las Naciones Unidas aceleraba una rápida resolución definitiva sobre la soberanía en disputa, donde Argentina mostraba sus inapelables derechos históricos, políticos, geográficos y jurídicos posesorios.

Así, Malvinas marcó por un lado la última guerra convencional del siglo XX en la que dos potencias se enfrentaron política y militarmente; y por el otro lado conformó la primera guerra del Siglo XXI con su enorme carga de guerra psicológica, mentiras y engaños, rubros en los que los británicos son innegables expertos.

El libro que usted tiene hoy en sus manos debiera ser de lectura obligatoria para todos los argentinos. Hasta hoy, Malvinas nos ha sido impuesta por los gobiernos de la mal-llamada “democracia” – aliados siempre directa o indirectamente con nuestros enemigos históricos – como si hubiera sido un oprobio, una vergüenza, una “locura…”.

Está en nosotros despertar para que la Gesta de Malvinas se transforme en nítida y fuerte campana que finalmente despierte a nuestro golpeado y adormecido pueblo hacia grandes hitos y glorias por venir.

 

Juan Manuel Soaje Pinto

Director Ejecutivo,
Canal TLV1 – Toda La Verdad Primero,
Buenos Aires, Argentina

 

Prólogo de Adrián Salbuchi

“Nosotros los británicos no gobernamos
a Egipto, más bien gobernamos a aquellos
egipcios que gobiernan a Egipto.”

Sir Evelyn Baring (1881)

 

Grande fue mi alegría cuando el Dr. Alberto De Vita me invitó a prologar su magnífico trabajo de investigación, interpretación y conclusiones, “Malvinas 82: cómo y por qué”, que hoy se re-edita a casi 36 años de concluida la primera Batalla de Malvinas.

El libro que usted tiene en sus manos es una de esas obras fundamentales que todo argentino despierto debiera leer o al menos conocer, pero que por supuesto los eternos enemigos de nuestra Patria condenan al ostracismo del silencio y el olvido, siempre aplicando su mayor arma de agresión y coerción para lograr sus objetivos: el tremendo poder del dinero que hoy todo lo decide.   Dinero que ellos tienen en cantidades casi inagotables, y que les permite escribir, re-escribir, ocultar y – llegado el caso – falsear la historia de las naciones; dinero que nuestros círculos nacionales y patriotas carecemos casi por completo.

Pero eso no importa, pues el flujo y reflujo de los acontecimientos históricos se rige por otros cánones y por otras fuerzas subyacentes y silenciosas que hacen que inesperadamente una obra tan importante como la del Dr. De Vita, reaparezca en el momento justo no solo para los argentinos sino también para todos los iberoamericanos que hoy – mucho mejor informados – van percibiendo la manera arbitraria como los poderosos de este mundo determinan y disponen las cosas según sus objetivos e intereses, mayormente contrarios al bien común de los pueblos trabajadores.

En verdad, el mundo de 2018 es muy distinto al mundo de 1982: entonces aún existían la Unión Soviética, el muro de Berlín y el pacto de Varsovia; y ni se soñaba con Internet, los iPhones, la realidad virtual o la inteligencia artificial.

La primera Batalla de Malvinas librada entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, en la que ofrendaron sus vidas 649 héroes de nuestras fuerzas armadas luchando brava y heroicamente contra un enemigo vastamente superior, terminó con un rotundo fracaso para la Argentina.  No sólo en el plano militar que fue su escenario primario, sino – mucho más importante – en el campo secundario e indirecto de la política, la geopolítica, los medios de comunicación social y lo económico-financiero.   Pues aunque aquél fatídico 14 de junio de 1982 cesaron las hostilidades militares contra nuestro país por parte de Gran Bretaña, Estados unidos y sus aliados, la guerra por otros medios en los planos mencionados continuó y continúa hasta nuestros días.  Casi podríamos decir que en los últimos treinta y cinco años fue cobrando el perfil de una “guerra total” contra nuestro país, según los cánones de la guerra asimétrica del siglo XXI.

El 14 de junio de 1982 fue un día negro por partida doble: perdimos la batalla militar y Gran Bretaña dio el puntapié inicial en un campo bélico en el que son experimentados y expertos maestros: la guerra psicológica.

Esto ha tenido consecuencias devastadoras para nuestro país dado que marcó el inicio de lo que a todas luces solo podemos describir como la derrota, rendición y capitulación de la Argentina como Nación Soberana.  La historia universal contemporánea nos da sobrados ejemplos que demuestran que toda nación derrotada en el campo militar por Inglaterra es luego sometida a una insidiosa guerra de disolución social, económica y psicológica que termina con la fractura territorial y la desarticulación de su fibra social y política.

Al igual que hicieron los “aliados” Gran Bretaña, Estados Unidos y Francia con Alemania, Austria-Hungría y el Imperio Otomano en 1919, a todo país derrotado por las armas anglo-estadounidenses se les impone su “tratado de Versalles”.   En forma abierta y bastante burda en los casos de los grandes derrotados de 1918 y 1945 que fueron ocupados militarmente y fracturados territorial y socialmente para jamás volver a resurgir según sus orgullosas tradiciones; en forma más “sutil” en el caso más “benigno” de la Argentina derrotada en 1982.

En verdad, por cuestiones de estrategia geopolítica y logística militar acordadas entre Londres y Washington, el “Versalles argentino” no cobró la forma de una ocupación militar directa ya que ello hubiera conformado un escándalo continental y global por aquellos años de la “bipolaridad” este-oeste.  Más bien, aplicaron una compleja e insidiosa ingeniería consistente en identificar, asociar y transformar a los sectores tradicionalmente más acomodaticios de la sociedad argentina, en una suerte de guardia pretoriana formalmente “democrática”, que desde el 10 de diciembre de 1983 “ocupa” nuestro país, garantizando los intereses anglo-estadounidenses y la permanente vulnerabilidad y debilidad de nuestra nación.

Esta realidad puede verificarse en el hecho que todo el espectro político argentino bajo la mal-llamada “democracia” – desde la izquierda hasta la derecha – sólo se han diferenciado en sus posiciones sobre temas secundarios y domésticos, más en los ejes que hacen a la geopolítica y soberanía han mantenido un alineamiento y subordinación casi total con las exigencias de los poderes fácticos que imponen su voluntad en Occidente. Ello lo vemos en el criminal y sistemático desarme unilateral argentino; en el catastrófico endeudamiento público interno y externo; en la destrucción del sistema educativo y – quizás lo peor – en la sumisa aceptación de las imposiciones sub- y anti-culturales y antinaturales impuestas desde afuera que apuntan a destruir el propio corazón de la argentinidad: la Familia, la Patria y la Religión.   Es el proceso tóxico que algunos han dado en llamar la “desmalvinización” del pueblo argentino.

A este verdadero “Versalles” argentino en nuestras latitudes según lo bautizara el Dr. Julio Carlos González ([1]), se le dio el nombre de “democracia”, lo que en rigor de verdad conforma una cruel hipocresía y mentira, ya que oculta su verdadero rostro: desde hace 35 años la República Argentina se encuentra ocupada y usurpada por lo que sólo puede describirse como una “dinerocracia”, en la que toda la política, los partidos, sus políticos estrella, y los candidatos son controlados por quienes controlan y direccionan enormes sumas de dinero: empresas locales y foráneas, lobbies al servicio de potencias extranjeras y sectores económico-financieros, grupos de poder y choque, narcotraficantes, familias inmensamente pudientes, grandes y cuasi-monopólicos multimedios, y – last but not least – enormes fortunas provenientes de 35 años de corrupción de esta bendita “democracia” (tanto de funcionarios que “recibieron”, como empresarios que “dieron”). 

Dando este “salto paradigmático”, se hace más fácil comprender que en una “dinerocracia” como la que hoy sufrimos en la Argentina, quiénes tienen el poder de canalizar gigantescos flujos financieros son los que imponen la agenda de los “grandes debates nacionales”… y se aseguran que determinados temas vitales para nuestros intereses y futuro, jamás o rara vez se asomen ante la “opinión pública”.

Se comprende entonces cómo, gracias a esta vasta y compleja ingeniería financiera volcada en favor de determinados partidos políticos, políticos estrella, economistas, periodistas-opinólogos, analistas, candidatos y “celebrities” de toda calaña, pudieron encumbrarse en los máximos sitiales del poder público personajes de bajísimo nivel intelectual, moral y mérito personal.   Personajes que han postrado a nuestro país hasta dejarlo hoy prácticamente “hundido” en términos políticos, geopolíticos, financieros, sociales y militares.

Casi podríamos decir que el trágico hundimiento del submarino “ARA San Juan” el 15 de noviembre de 2017 con sus 44 mártires que hoy yacen en el fondo del Mar Argentino ante las costas de la Patagonia Argentina, es todo un símbolo y metáfora de nuestra afligida Patria con sus 44 millones de habitantes que desde 1982 sufre un agónico naufragio y hoy está a punto de hundirse por completo en el embravecido mar de la geopolítica mundial.

En su obra, el Dr. De Vita relata pormenores prácticamente desconocidos para los argentinos que hoy cargamos con el inmenso lastre de 36 años de guerra psicológica anglo-estadounidense, que ha trastocado y trastornado nuestra visión de los hechos de aquella primera Batalla de Malvinas, y de los graves peligros geopolíticos que hoy nos acechan.  Se impuso todo tipo de mitos y fábulas desmoralizadoras: “los chicos de la guerra” como si hubieran sido niños en lugar de bravos combatientes; “la locura de Malvinas” como si defender el territorio y el Honor Nacional fueran una suerte de demencia.  Así la logia política reinante en esta dinerocracia, suplantó a la argentinidad por la subordinación ante los consabidos “inversores”, “privatizadores” y tecnócratas – siempre con sus explicaciones absurdas, laberínticas y engañosas: Cavallo, Sturzenegger, Prat-Gay, Daniel Marx, Melconian, Dujovne, Lavagna y el resto de la “armada de Brancaleone” que brinda sustento “técnico” al gran “Partido de la Deuda Pública” que gobierna desde hace 36 años.

Cual degenerados boy scouts, siempre están al servicio de un sistema nefasto cuyos “CEO’s” son por demás conocidos: desde Alfonsín hasta Macri no es casualidad que el primero llamara a la Gesta de Malvinas “un tanque atmosférico” y el último admitiera no entender “esto de la soberanía…”.

Por eso, ante tanto insulto, tanto veneno, tanto palabrerío tóxico, odioso e insidioso, la obra del Dr. De Vita es una bocanada de aire fresco que hace enormes aportes para una mejor comprensión de la realidad oculta detrás de todo lo que fue la epopéyica primera Batalla Argentina para recuperar la Soberanía sobre las Islas Malvinas, y por ende – insisto – su re-edición en el año de 2018 es muy oportuna.

De Vita describe de manera secuencial, clara y significativa la manera como la cancillería británica, junto con la Armada Real y todo el gobierno de la entonces primer ministra Margaret Thatcher maniobraron artera, perversa, inteligente y eficazmente para hacer que la Junta Militar de Galtieri-Anaya-Lami Dozo “pisara el palito”, viéndose obligados a tomar medidas muy concretas, desordenadas y a destiempo ante la agresión militar británica encaminada a desalojar por la fuerza al equipo del contratista argentino Constantin Davidoff de las Islas Georgias del Sur, luego que las propias autoridades británicas lo autorizaran a realizar operaciones de desmontaje de unas instalaciones balleneras.

He aquí el disparador directo de la decisión de Buenos Aires de recuperar las Islas Malvinas aquél 2 de abril de 1982.

Más allá de los pormenores, causas, reacciones, verdades y derechos del caso, el Reino Unido contaba por esos días con fundamentales factores de poder vitales en toda acción de guerra exitosa como son la prensa mundial, los resortes de la diplomacia, los tratados y alianzas militares de obligaciones recíprocas, su gran influencia en las Naciones Unidas de cuyo Consejo de Seguridad es desde hace 72 años uno de los cinco miembros permanentes junto con dos aliados clave – Estados Unidos y Francia – lo que en su conjunto le garantizaba poder mantener una posición dominante, amén de sus formidables fuerzas aeronavales.

Por aquellos días, sectores clave de poder dentro de Gran Bretaña necesitaban y demandaban una guerra aeronaval en Malvinas por distintas razones: la Armada Británica debido al peligro que representaba la desactivación progresiva de su flota de superficie ante los cambios estratégicos en la OTAN que privilegiaban una flota británica submarina para gran tristeza de los pundonorosos almirantes; la primer ministro Thatcher necesitaba insuflar urgentemente renovada vida a su alicaída gestión de gobierno con niveles de popularidad bajísimos; mientras que las empresas de armamentos, los bancos y los aliados transatlánticos estaban muy interesados en lograr enormes contratos de armamentos de diversa naturaleza.  Por último, a los think-tanks (bancos de cerebros) a ambos lados del Atlántico, les interesaba un conflicto de este tipo para mejor posicionarse en nuestra región ante la ya entonces planificada próxima etapa geoestratégica de la alianza anglo-estadounidense.

Pues ya entonces se urdía una mega-estrategia dirigida a terminar “pacíficamente” con la ex-Unión Soviética, siguiendo las recomendaciones de Zbigniew Brzezinski ([2]), ideólogo de la Comisión Trilateral que apenas siete años después se verían coronadas con éxito con la caída del Muro de Berlín y, poco tiempo después, la desaparición de la propia Unión Soviética.  Ambas conformaban la conditio sine qua non para declarar la “globalización”, etapa esencial para consolidar la privatización del poder y avanzar hacia un eventual Gobierno Mundial privatizado.

Todos estos pormenores la Junta Militar no los vio, no los comprendió – ¡probablemente ni siquiera los imaginó! – cuando tomó la decisión de recuperar las Islas Malvinas.  No entendieron la lógica interna de la tradicional alianza anglo-estadounidense; no comprendieron su renovada estrategia de dominio en el Atlántico Sur; no comprendieron la estrategia de ingenierizar la implosión controlada de la ex-Unión Soviética; no vieron esa ya previsible  “globalización” que sería impuesta al mundo entero a partir de 1991.

Si, como solía decir mi abuelita, “para muestra basta un botón”, señalemos entonces que el general Leopoldo Galtieri y sus camaradas enfrentaron a Gran Bretaña y a los Estados Unidos teniendo a dos miembros clave de su gabinete – el canciller Nicanor Costa Mendez y el ministro de economía Roberto Alemann – que eran miembros fundadores del CARI – Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales: un think-tank fundado pocos años antes en junio 1978 para consolidar, diseñar e implementar los intereses geoestratégicos y geoeconómicos anglo-estadounidenses en la Argentina, según las directrices emanadas de la organización madre del CARI que es el CFR – Council on Foreign Relations ([3]).

Formado en 1919 para establecer el “nuevo orden mundial” pos-Versalles luego de la primera guerra mundial, desde el neoyorquino CFR se diseñan, planifican y controlan las estrategias más convenientes para los intereses anglo-norteamericanos, operando mancomunadamente con otros entes privados similares, notablemente su organización hermana londinense, el Instituto Real de Asuntos Internacionales (Royal Institute of International Affairs).

La bajada de línea fundacional del CARI en Buenos Aires la dio en junio 1978 nada menos que Henry Kissinger – él mismo miembro del CFR y de la Trilateral – quién se encontraba de visita en nuestro país, según se dijo oficialmente, para concurrir al Campeonato de la Copa Mundial de Fútbol 1978.

Quién escribe estas líneas tuvo oportunidad de conversar con el General Galtieri en 1984, y al señalarle que librar una guerra teniendo a dos ministros clave que eran miembros de una organización alineada con, y controlada por el Enemigo, prácticamente garantizaba el fracaso argentino, a lo que el General asintió con amargura. Pero eso fue a fines de 1984, y para la Argentina ya era muy tarde, pues en aquel entonces ya “vivíamos en democracia…”.

La obra que usted tiene en sus manos toca algunos de los puntos fundamentales que hacen al accionar geopolítico y al conflicto entre las naciones.  Los mismos no se rigen solamente por las relaciones de poder militar, político, diplomático, económico, mediático y financiero, sino también por factores más sutiles como son la guerra psicológica, las presiones – el soft-power y leverage del que tanto hablan los estadounidenses – y, por supuesto, por la aguda capacidad de entender la mentalidad del Enemigo y sus motivaciones explicitas e implícitas; a corto y a largo plazo; admitidas y escondidas; tanto las declamadas abiertamente como las inconfesables.

Eso implica comprender cuáles son los riesgos reales que una política de conflicto con un enemigo poderoso implican.  Lamentablemente, nuestros militares de entonces – y en gran medida los de hoy también – no reciben una formación profesional geopolítica que les permitan comprender todos estos factores desde una posición centrada en el Interés Nacional Argentino y continental.

Confunden lo técnico y profesional con lo estratégico y político: nadie duda que las instituciones militares anglo-norteamericanas son de primerísimo nivel en lo técnico-militar, y muchos de nuestros oficiales se han formado directa o indirectamente en esas escuelas, pero en lo político y geopolítico suelen ejercer un efecto de deformación.

Por eso, las camadas militares de los últimos 35 años a partir de Alfonsín terminaron creyendo que Argentina “no tiene ninguna hipótesis de conflicto”, fuera del narcotráfico, el crimen organizado y el “terrorismo”, que son los tres grandes rubros de seguridad interna que interesan a Estados Unidos y sus aliados respecto de nuestra región.

Claro, todo esto es comprensible: ninguna institución militar, universidad u ONG poderosa basada en Estados Unidos, el Reino Unido, Israel o la Unión Europea tiene por objetivo enseñar la cátedra de “Defensa del Interés Nacional Argentino e Iberoamericano”.

Y eso es comprensible, porque esa es una asignatura pendiente y responsabilidad de argentinos e iberoamericanos, no de ellos.  Si nosotros no nos despertamos a esta realidad, entonces no tenemos porque esperar que nuestros adversarios nos zamarreen y desperecen.  Es más: desde su óptica, cuanto más tiempo sigamos adormecidos…. ¡mejor para ellos!

Así se explica muy sucintamente la catastrófica decadencia de la Argentina pos-Malvinas.

Cerramos este breve Prólogo, recordando una sabia recomendación del Sun-Tzu en el Arte de la Guerra:

 

“Si conoces a tu enemigo y te conoces a ti mismo, serás victorioso en todas las batallas;

Si te conoces a ti mismo, pero no conoces a tu enemigo, por cada batalla ganada perderás otra;

Si no conoces a tu enemigo ni a ti mismo, entonces perderás todas las batallas.”

 

Claramente, nuestras dirigencias políticas y militares hoy se ubican en la tercera de estas categorías. Mas no así el Pueblo Argentino, que mantiene instintivamente una lucidez histórica, aunque necesite aún de un pleno despertar para comprender que el primer enemigo al que debe vencer, es el que hoy ocupa y usurpa a la Argentina, consecuencia de la dinerocracia impuesta sobre nuestro país luego de Malvinas.  Pues, cuando el enemigo está dentro de la propia casa, de nada sirve echarle llave a la puerta.

 

Adrian Salbuchi,

Fundador, Proyecto Segunda República / PSR,

Febrero 2018

 

Aclaraciones:

([1]) Último secretario legal y técnico del gobierno de Perón entre 1973 y 1976.  Ver su magníficas obra, “Los tratados paz por la Guerra de las Malvinas: desocupación y hambre para los argentinos”(Córdoba, 2004, Ediciones del Copista).

([2]) Ideólogo de la Trilateral Commission, think-tank formado en 1973 por poderosos intereses y organizaciones – megabancos, multinacionales, universidades, multimedios, familias billonarias – alineadas a las dinastías Rockefeller y Rothschild para coordinar sus amplios intereses y objetivos globales en Estados Unidos, Reino Unido, Unión Europea y Japón, con sus respectivos aliados y estados vasallos.

([3]) Hemos “bautizado” al poderoso y sumamente eficaz Council on Foreign Relations como el “cerebro del mundo” en una obra homónimas: “El cerebro del mundo: de la globalización al gobierno mundial” (Córdoba, 5ta. Ed., 2010, Ediciones del Copísta).

  1. Buen día Dr. De vita. Soy seguidor de PSR y TLV1 y me sorprendió la cantidad de información que los argentinos desconocemos sobre la gesta de Malvinas. Quisiera obtener el libro, ¿como debería hacer?. Un saludo y muchas felicitaciones por la noble misión de informar sobre la verdad.

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