Martin Fierro frente a Rambo: una Propuesta Cultural

Hemos mencionado nuestro convencimiento acerca de que la República Argentina resulta ser última depositaria de la cultura occidental: Grecia, Roma, España, la doctrina católica, los componentes hebreos y árabes.

También hemos expuesto que, a nuestro criterio, la “Aldea Global”, el “Mundo Uno”, se sostiene sobre una sola base axiológica: la económica. A la vez, el predominio exclusivo -y excluyente- de los valores económicos acarrea para los pueblos empobrecimiento a todo nivel y la pérdida progresiva de la identidad cultural.

Hoy, “globalización” mediante, sabemos más sobre la Guerra del Golfo -esa sangrienta batalla presentada como miniserie-, que sobre la “Vuelta de Obligado”.

Estamos más al tanto de las andanzas de Bart Simpson que las de Inodoro Pereyra.

Cada nueva película de Jim Carrey (?) es aguardada con tanta expectativa como la presentación del último espectáculo de “Les Luthiers”.

Los innumerables Rambo que andan sueltos y los cientos de réplicas de los nuevos John Wayne -siempre hablando en idioma inglés-, son simbólicas encarnaciones que no dejan de recordarnos que la fuerza -contundente, irresistible-, respalda la vigencia de los valores económicos en la “Aldea Global”.

La presencia omnipotente de ese modelo de Super Ser Humano de ficción -siempre aislado, siempre solo, sin necesidad de recurrir al prójimo-, intenta señalar, falsamente, el triunfo de la voluntad del individuo por sobre el medio social en el que se desempeña.

El Super Hombre Modelo Primer Mundo atiende exclusivamente su perspectiva individual -como si se pudiera ser feliz solo-, desentendiéndose de lo que ocurre a su alrededor.

Cuando “todo va mejor” para él, seguramente para el resto de la sociedad todo está peor. En una palabra, Darwin mediante, la ley de la selva.

Frente a tanto mensaje-masaje que proclama “vive hoy, qué importa trascender?”, nos preguntamos -humildes, subdesarrollados, y sin haber tenido el privilegio de que nuestro nombre haya aparecido, ni una sola vez en Internet-, que hacer?

Cómo exhibir un enfoque distinto frente a la avalancha? Cómo hablar de otra escala de valores sin sentirse apartado del rebaño?

Es aquí donde entendemos que se debe recurrir a las fuentes que, ahora integradas socialmente en nuestro país, permiten formular una posible respuesta: la propuesta criolla debe apoyarse fundamentalmente en la cultura de la cual somos resumen. Es ésta el arma formidable con que contamos los argentinos para hacer frente a la invasión de tanto videoclip.

El pueblo argentino, católico, Mariano, heredero de Occidente a través de las grandes corrientes inmigratorias que afluyeron a nuestro territorio en el siglo pasado y en el actual tiene la enorme posibilidad de ofrecer al mundo una respuesta cultural basada en otra axiología, en contraposición a tanta técnica.

Un pueblo que ha sido el primer reconocedor de los méritos de Gabriel García Marquez y de Ingmar Bergman; que ha ofrecido el “Billiken”, con el cual se educaron miles de niños latinoamericanos; que se ha destacado con numerosos premios Nobel; que ha tenido la fortuna de contar con maestros como Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Julio Cortázar y tantos otros; que ha mantenido el prestigio, pese a todo, de la Universidad Nacional de Buenos Aires; que cuenta en su historia con utopistas con rostro humano como Evita, como el “Che”; que reverencia a Benedetti y a Neruda, y tantos ejemplos más, es un pueblo indudablemente cargoso de lo esencial.

Los argentinos -sea con la mirada perdida frente a las inmensidades de la llanura pampeana o del océano Atlántico-, sea mirándose a los ojos -café mediante-, en Corrientes y Callao, seguimos preocupados por la búsqueda de respuestas a los planteos que verdaderamente importan: la vida, la muerte, la noción de Dios, la Patria, la esperanza, el amor, el destino, el prójimo.

Estas mismas preguntas hicieron a Grecia inmortal; no por haber hallado las respuestas, sino por el simple hecho de haberlas planteado y debatido, sin distraerse.

Propongo entonces que tantos monólogos (cada argentino es, potencialmente, un filósofo) y tantos diálogos enriquecedores sean institucionalizados.

Cómo? Recurriendo nuevamente a las fuentes: recreando la plaza pública.

Aprovechando sábados y domingos, con la coordinación de tantos sociólogos, psicólogos, profesores desocupados, convoquemos a la gente a plazas, parques, anfiteatros, para charlar, debatir, opinar sobre los temas que verdaderamente importan.

Escuchemos las vivencias de padres y abuelos; que vengan los jóvenes a contarnos sus sueños sobre lo esencial para que ya no sea invisible a los ojos.

Será un buen camino, un camino distinto, para que el pueblo de la República Argentina adquiera verdadera autoridad moral en el concierto de las naciones.

Será la mejor manera de ejercitar la identidad frente a la disolvente “globalización” y un modo de decir: es posible preocuparse, inquirir, compartir con el prójimo temas que siguen siendo universales y para los cuales la “aldea global” no tiene respuestas; es más, ni siquiera se lo plantea.

Cuánto tardará esta revolución cultural en acaparar la atención del mundo? cuánto en ser imitada?

Quizás sea ésta, entonces, la manera de decirle a Rambo: “O.K. man, muy bueno lo tuyo, pero sigues estando solo”.

Nosotros, en cambio -sin tanto músculo, sin tanto dinero, sin tantas armas-, estamos sencillamente, juntos y compartiendo.

En esto, que es lo mejor que nos podría pasar, hemos seguido el consejo de uno de nuestros inmortales criollos, que alguna vez nos enseño:”Los hermanos sean unidos porque ésa es la ley primera…

Extracto del libro “Retorno a Luis XV”, de Alberto De Vita (aún no publicado)

 

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Alberto de vita

escritor & abogado en la causa malvinas

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